viernes, 15 de abril de 2011

La novelizacion como arte


Oakville, Kansas, se encuentra en una zona especialmente desolada de las vastas llanuras centrales. Lo que queda de un paisaje antaño salpicado de granjas, es ahora tierra árida. En su día, el maíz y el trigo proporcionaban un floreciente medio de vida, hasta que los subsidios a la agricultura tuvieron el efecto contrario de la prosperidad.

El destartalado Ford se detuvo ante una granja abierta y de el salieron tres hombres. Tranquilamente y sin razón aparente, el hombre de pelo oscuro agarro la nariz del hombre calvo con la mano derecha y lentamente la retorció trazando un amplio circulo en sentido contrario a las agujas del reloj: un horrendo chirrido quebró el silencio de las grandes llanuras. "Sufrimos", dijo el hombre de pelo oscuro. "¿Ay, la azarosa violencia de la existencia humana!".

Entre tanto, Larry, el tercer hombre, había entrado a la case, y no se sabe como, había conseguido acabar con la cabeza atrapada en un jarrón de loza. Andaba a tientas por la habitación y para el todo se había vuelto aterrador y negro. Se preguntaba si existía un dios o si la vida tenia un sentido o si el universo obedecía a algún plan cuando súbitamente irrumpió el hombre de pelo oscuro y, tras encontrar un gran mazo de polo, empezó a golpear el jarrón para liberar la cabeza de su compañero. Con una rabia acumulada que ocultaba años de angustia por ese absurdo vació que era el destino del hombre, el tal Moe destrozo la loza. "Al menos tenemos la libertad de elegir", dijo Ricitos, el calvo, entre sollozos. "Estamos condenados a muerte pero poseemos la libertad de elección", repuso Moe, y dicho esto le metió los dedos en los ojos. "Ay, ay, ay", gimió ricitos, "no hay justicia en el cosmos." Cogió un plátano sin pelar y lo hundió entero en la boca de Moe.

Fragmento de "Pluma de alquiler" de Woody Allen


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